

LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA
En la Unidad anterior conocimos lo que es una ciencia, la cual tiene un objeto de estudio definido y un metodo para estudiarla, pero que ocurre con la Psicología?
El objeto de estudio de la Psicología es la conducta o comportamiento, ¿pero que debemos de entender como conducta?: "Conducta es toda aquella interacción establecida entre un organismo y su medio, físico, biológico y/o social, en y a través del tiempo"
Dado que nuestro interés fundamental lo constituye la psicología, analizaremos la relación que guarda con sus dos continentes límite: la Biología y la Historia. La Psicología tiene por objeto el estudio del comportamiento individual, es decir, la interacción que establecen los organismos individuales con su medio ambiente y con otros organismos. Como tal la psicología es una ciencia que se desprende de la ciencia biológica (natural), pero en tanto que una parte fundamental de su ambiente lo constituyen otros organismos y en el caso del hombre se trata de un ambiente social construido, la Psicología queda en un nivel de ánalisis anterior o menos complejo a la ciencia "Historia". Se podría considerar que es una ciencia "puente" por naturaleza entre las llamadas Ciencias "Naturales" y las "Sociales". Si analizamos esta relación dual de la psicología, nos volveremos a encontrar con algunas “contradicciones”, pero no hay tal supuesto, la Psicología es en sí un área de estudio o modo de conocimiento de la realidad que posee las características necesarias para ser una Ciencia diferente, pero complementaria a las demás.
Por un lado, la conducta es una dimensión funcional de los seres vivos y por ende, la biología se constituye en ciencia básica de la psicología. Sin embargo, los fenómenos biológicos no son idénticos a los psicológicos o conductuales y por consiguiente éstos últimos no son reducibles a proposiciones o datos de la biología. Es evidente, por ejemplo, que el lenguaje no puede reducirse a los movimientos de las articulaciones vocales y que la conducta de escribir no puede explicarse en términos de los simples Movimientos musculares que la componen. A una de las tendencias reduccionistas que explican la conducta en términos puramente biológicos, se le llama localizacionismo y es una herencia intelectual del mecanicismo de Descartes.
Por otro lado, la conducta humana que no es el objeto único de estudio de la psicología, tiene una significación profundamente social. El comportamiento humano depende y se conforma con base en circunstancias sociales, que el propio hombre transforma a su vez creándolas y recreándolas. En este sentido la psicología no puede desvincularse de la historia y ciencias sociales, pero tampoco puede ser absorbida por ellas, por ser el comportamiento individual un dato molecular que no constituye el interés definitorio de dicho continente histórico. Las leyes que rigen un fenómeno molar, general y complejo no explican necesariamente sus componentes moleculares, aun cuando proporcionen un marco interpretativo para ello. Así -por ejemplo-, las características históricas particulares de una sociedad no pueden explicarnos las leyes que rigen el aprendizaje de los individuos, como tampoco el proceso de la digestión "explica" la composición química y propiedades de los ácidos interventores. A su vez, la psicología no puede dar cuenta de los fenómenos histórico sociales, por ser el comportamiento de las “estructuras” sociales, o mejor dicho de las masas que constituyen clases sociales, un fenómeno cuya complejidad rebasa en mucho a la de la simple conducta individual. El “psicologismo”, como se conoce a la interpretación psicológica de los fenómenos sociales, es una forma de reduccionismo explicativo, muy empleada por el psicoanálisis y la psicología social, disciplinas con una epistemología de dudoso origen.
Cada ciencia tiene un nivel de análisis y explicación propios, de acuerdo a la molaridad-molecularidad del fenómeno de estudio. Aun cuando los fenómenos molares comparten propiedades de los fenómenos moleculares, las leyes y principios que explican a éstos últimos no son suficiente para dar cuenta del fenómeno complejo como tal. Asimismo, los principios que rigen los fenómenos complejos no pueden sustituir a los que determinan a los fenómenos mas simples o moleculares. Las áreas interdisciplinarias, como la físico-química, la bioquímica, la psicobiología y la psicología social no son más que campos que requieren de la participación combinada de dos continentes científicos. Recordemos que el conocimiento científico subdivide o fragmenta la realidad con propósitos de análisis, pero que estas “fracturas” no rompen la continuidad de los fenómenos y procesos y mucho menos, la complementariedad de las ciencias que lo producen.
En resumen, la psicología se constituye como ciencia en el momento en que se formula un objeto teórico propio, diferente al de las otras ciencias existentes. Esta formulación da especificidad a lo psicológico como un objeto del conocimiento científico, diferenciable de las demás ciencias: físico-químicas, biológicas y sociales, hecho que rompe con la dicotomía simplista entre ciencias naturales y sociales.
LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA DE LA CONDUCTA
Ya hemos mencionado anteriormente que muchos de los problemas que forman parte del campo empírico de la psicología, fueron estudiados desde la época de los griegos. Sin embargo, no es hasta el siglo XIX en que se configuran las circunstancias que permiten la delimitación progresiva de los que años después sería la nueva ciencia. Estas condiciones se conforman por el interés que otras ciencias e ingenierías derivadas muestran por fenómenos de la conducta, y es así que, aun cuando no fueron capaces de abordarles con una epistemología apropiada que permitiera su vinculación a un solo continente de conocimiento, sentaron las bases e inquietudes para que esto posteriormente ocurriera.
Antes de pasar al examen de estos antecedentes de la nueva ciencia, sería pertinente aclarar la naturaleza de su objeto de estudio.
Decíamos anteriormente que la psicología es la ciencia de la conducta o comportamiento, entendiendo por ésta a la actividad molar del organismo en interacción con su ambiente. Cuando se intenta profundizar en esta definición, hay conductas que parecen no tener circunscripción espacial precisa, por lo menos en referencia a nuestras categorías sobre el particular. Su ocurrencia muestra una dimensión temporal, pero no puede ubicárseles en un punto particular en el espacio, como es el caso de las llamadas imágenes, sentimientos, pensamientos, etc.
Vamos definiendo una vez más que entendemos por conducta o comportamiento, es decir el objeto de estudio de la Psicología como Ciencia: Conducta es toda aquella interacción establecida entre un organismo y su medio físico, biológico y/o social, en y a través del tiempo.
Aquí se presentan en realidad dos problemas diferentes, ambos de conceptualización. La conducta siempre tiene un marco de referencia espacial, no como locus concreto de ocurrencia sino como de interacción. El lenguaje encubierto que algunos autores identificaron con el pensamiento, parece no ocurrir en el espacio. Cuando me hablo a mí mismo, esta conducta no parece tener espacialidad. Sin embargo, si analizamos la situación con cuidado, observarás que se pueden registrar movimientos sutiles de las cuerdas vocales y los músculos asociados a la fonación. A la vez, se pueden identificar eventos ambientales anteriores y subsecuentes en la relación que se establece entre el organismo o un componente prominente del mismo y segmentos del ambiente, es decir, en el medio o relación de campo en que ocurre la conducta.
El segundo problema radica en concebir a las conductas internas como eventos no materiales aislados del ambiente. Esta concepción ha plagado a la psicología de “explicaciones” espiritualistas, mecanicistas y metafísicas, que es necesario eliminar de principio. Un ejemplo prototípico de esta situación son las “imágenes”. La imagen, según esta concepción, es un evento interno no físico que se da como experiencia subjetiva. Esta experiencia constituye una reconstrucción visual del objeto percibido a través de la participación de las vías aferentes del sistema nervioso central, que “reproducen” en la retina una "imagen invertida a escala” del objeto (modelo de la cámara fotográfica), que es descompuesta en forma codificada y transmitida como impulsos nerviosos eléctricos y finalmente recompuesta y ¡experimentada! en el área 19 de la corteza cerebral. Aquí persiste un problema, adicional al del complejo proceso de descodificación y recodificación de energía fóticas en energías nerviosas: el de la transformación de un evento neural en una experiencia interna consientesubjetiva. Problema irresoluble por estar mal planteado.
En realidad la imagen del objeto es el objeto. No existe tal imagen interna sino más bien un objeto que refleja fóticamente parte de sus propiedades estructurales: forma, color, posición, etc., a través de un medio físico apropiado sobre un organismo que dispone de sistemas de respuestas especializados, sensibles a ciertas formas particulares de energía. Así por ejemplo, el ojo, responde siempre fóticamente a cualquier estimulación, sea fótica, mecánica o térmica; y lo mismo ocurre con otros tipos de tejido especializado. Al responder a la estimulación fótica, respuesta en la que participa todo el organismo y por consiguiente el sistema nervioso y tejidos especializados sensibles a dicha energía, se responde a las propiedades físicas del objeto externo y se da entonces la percepción o imagen de dicho objeto, es decir el objeto externo. Es inútil buscar imágenes incorpóreas dentro del organismo.
La raíz de la confusión yace en la definición misma de la conducta. Revisemos brevemente este problema. Las palabras o conceptos tienen siempre un uso social determinado. Su significado radica en las condiciones que determinan y ejemplifican dicho uso, por lo que una palabra normalmente tiene acepciones múltiples que devienen de su empleo social. Así, la palabra no es la expresión o denotación de ideas a las que corresponde en forma biunívoca, sino la referencia a eventos relaciones físico sociales que constituyen su significado en tanto enmarcan su uso. De este modo, debe quedar claro que las palabras no son los eventos, sino que son provistas de significado por las relaciones sociales en que dichos eventos son referidos.
Las palabras “animistas” o ”mentalistas” en su origen tuvieron un sentido referencial, y de ningún modo “significaban” ficciones. Recordemos cómo el mismo concepto de ánima o alma en Aristóteles se refería a formas diferentes de organización del movimiento de los seres vivos.


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